Mis mejores recomendaciones para estimular el lenguaje en la infancia

09.10.2020

¡Hola! En el artículo de hoy quiero compartir contigo en relación a un tema que suelo trabajar muchísimo en mi consulta de infancia; y son las recomendaciones que doy a las familias para estimular el lenguaje en casa. 

Para ello he realizado un resumen de las pautas que suelo dar a las mamis y papis de mis pacientes. No obstante, me parece un contenido de interés para todo el mundo, para que así podamos acompañar, cuidar y respetar nuestra infancia.

¡Vamos a allá!

  1. Esperar no es una opción. Es muy frecuente que las familias ante las primeras sospechas de cualquier dificultad en el habla de su criatura acudan a consulta de pediatría con preocupación. La mayoría de las veces se tranquiliza a la familia con afirmaciones tales como: "es pronto aún", "hay que esperar" o "ya hablará"... Esto es un error, ya que cuando se decide "esperar" y no hacer nada, nos estamos perdiendo un tiempo súper valioso para estimular al niño o la niña. Un comentario muy típico también es: "Pues el hijo de mi vecino de pequeño hablaba nada y después hablaba hasta por los codos".  Es cierto, que muchas veces, podemos encontrarnos con niños y niñas que tienen un ritmo más lento al resto de sus iguales, pero aunque esto sea así, y en el futuro el niño o la niña no presente ningún tipo de trastorno y nos encontremos ante un retraso del lenguaje; en mi experiencia, lo mejor para el desarrollo del niño o la niña; es actuar; ofreciéndole ayuda y apoyo.  Por mi parte, esta actuación siempre es respetuosa con el desarrollo de la criatura, y está basada principalmente en una adecuada estimulación del lenguaje. Por todo esto, es importante tener en cuenta que la profesional especialista en lenguaje es la logopeda y por ello es quien debe determinar que tipo de tratamiento es adecuado para cada caso: comenzar con sesiones de terapia individual, dar pautas a la familia, derivar a otras especialidades...

  2. Crear momentos de comunicación agradables y apetecibles para la criatura: jugando con ella, sonriéndole, dándole mimos... Proponiéndole situaciones comunicativas para favorecer su expresión oral (cantar canciones, contar cuentos, jugar...) y crear diferentes situaciones de diálogo a lo largo del día.

  3. Acercarnos y ponernos a su altura. Es decir, cuando hablemos con el niño o la niña intentaremos facilitarle la comunicación: que pueda escucharnos bien, observarnos la cara y nuestros gestos de expresión, etc..

  4. Utilizar un vocabulario adecuado a la edad del niño o la niña. Denominar cada palabra de forma correcta. No le hables con un lenguaje infantilizado del tipo "bibi" o "papos" (biberón y zapatos). No usar diminutivos para nombrar las cosas. Por ejemplo "guau- guau" por perro. Si tu peque las usa, no hay que corregirle pero si se la diremos a continuación de la forma correcta.

  5. No reírnos nunca de su pronunciación. Si nos reimos cuando pronuncie algo mal... por un lado puede parecerle gracioso y así reforzaremos que lo siga diciendo de forma inadecuada. Por otro lado, dependiendo de su personalidad, podría avergonzarse... en cualquiera de los casos, tenemos que transmitirle que lo que nos importa es LO QUE DICE y no cómo lo dice. 

  6. No atosigarle para que hable correctamente. Lo único que conseguiremos es crear sentimientos de impotencia y/o frustración. El desarrollo del lenguaje, la corrección de los problemas articulatorios, etc... son procesos que no se realizan de la noche al día, sino que requieren de un proceso de asimilación y automatización.

  7. No corregirle. En lugar de corregirle diciéndole como debe de decir la palabra una y otra vez, será más efectivo que la persona adulta integren dicha palabra en una oración para que el niño o  la niña pueda observar y escuchar la forma de articulación correcta de esta. No corregir, sino ofrecer el modelo correcto. Por ejemplo, si la niña dice "daton" , le diremos "si, el ratón..." de forma clara y bien articulada. Cuando continuamente estamos haciéndole conscientes de sus errores pueden desanimarse y frustrarse.

  8. Evitar hacer comparaciones con otras niñas y niños de su edad. Por ejemplo: Pedro habla bien y tú hablas como una niña pequeña. Además evitaremos hablar de "sus dificultades" en el lenguaje con otras personas adultas cuando está delante. Ya que aunque a veces parezca que no es así,  las criaturas suelen estar pendientes a las conversaciones que se producen a su alrededor. De esta forma, será mejor evitar estas situaciones y las afirmaciones tipo: "no quiere hablar", "no habla", "no se entiende nada de lo que dice"... cuando esté presente.

  9. Evitar las conductas sobreprotectoras y proporcionarle la autonomía necesaria en las actividades cotidianas como por ejemplo, comer, vestirse, lavarse la cara o las manos, etc. Mostrarle ayuda y apoyo en aquello que necesite. 

  10. Prestarle atención cuando se dirija a ti para comunicarte o hablarte. No ignorar sus intentos comunicativos. Los intentos comunicativos no solo son el habla; también lo es señalar, coger de la mano, realizar gestos... Toda intención comunicativa debe ser reforzada positivamente con atención por nuestra parte.  De esta forma, le aportaremos seguridad y confianza.

  11. No adelantarnos a su mensaje suponiendo o concluyendo aquellas palabras u oraciones que quiere decir. No mostrarnos impacientes. Dedicarle todo el tiempo que necesite.

  12. Invitar y no forzar.  Este último punto es súper importante. Recuerda: estamos estimulando y acompañando. Nunca hay que forzar a la niña o el niño a hablar o comunicarse. Siempre haremos una invitación a la comunicación.  Nunca debemos castigarle por no hablar, amanazarle o chantajearle. Muchas veces, las personas adultas, pretendemos que los niños y niñas actúen como queremos y nos olvidamos de sus necesidades. Está demostrado que para que el lenguaje se desarrolle lo mejor posible se necesita crear un entorno seguro de aprendizaje: comunicación asertiva, modelos adecuados, empatía, comprensión, presencia y mucha paciencia... De esta forma, también entenderemos que hay momentos en los que quizás no les apetezca hablar: por ejemplo cuando hay delante personas desconocidas, en entornos que no le transmitan confianza o aquellos dias en los que tu peque no haya descansado bien o tenga alguna enfermedad. Lo más importante para asegurar un buen desarrollo es respetar sus necesidades


¿Qué te han parecido? ¿Hay algunas cositas que crees que como persona adulta podrías mejorar? Si crees que necesitas ayuda, una persona que te apoye en la crianza o te gustaría profundizar un poquito más no dudes en consultar conmigo. 

Un abrazo, 

Patricia.