Emociones e infancia

20.03.2020

¡Hola! Hoy vengo a compartir contigo sobre un tema que me apasiona: infancia y emociones.  Me encanta investigar y estudiar cómo funciona la mente, el cerebro infantil y su desarrollo, principalmente el desarrollo emocional.

Aunque es un tema bastante complejo, me explicaré de una forma muy sencilla y amena.

Para situarnos en el cerebro infantil, me basaré en un modelo de división horizontal del cerebro que lo divide en dos partes: cerebro derecho y cerebro izquierdo

  • Hemisferio izquierdo: es el cerebro racional, lógico, matemático y lingüístico.
  • Hemisferio derecho: el cerebro de las emociones, la empatía, la creatividad, la comunicación no verbal...
En un equilibrio saludable, ambas partes del cerebro deben estar integradas entre sí.   

En la infancia, durante nuestros primeros años de vida, el cerebro todavía no está desarrollado y por consiguiente, parte izquierda y derecha no están integradas.

Lo que se suele llamar rabieta, no es más que la expresión de las intensas emociones de los niños y niñas; ya que su cerebro no está preparado para verbalizar ni canalizar lo que sienten: de esta forma se desbordan emocionalmente.


En nuestra cultura existe la tendencia a reprimir las emociones etiquetadas como negativas: como son la ira, la tristeza, el miedo... Les decimos a los niños y niñas cosas como: "no llores como un bebé", "tú ya eres mayor para eso", "si lloras voy a ponerme triste" o incluso "si sigues llorando me voy a enfadar".  A veces se les castiga por sus rabietas... y lo que hacemos con todo esto es decirles que lo que están sintiendo no es válido, que no tienen permiso para sentir lo que sienten y mucho menos para poder expresarlo. De esta forma, aprendemos desde pequeñas que verbalizar nuestras emociones está mal.  

Una vez que conocemos el funcionamiento del cerebro infantil, nos damos cuenta del poco sentido que tiene recriminar a un niño/a estas conductas.  Además, este tipo de acciones por parte de las personas adultas impide que el cerebro izquierdo y cerebro derecho se integren, y probablemente, cuando sean personas adultas,  vivirán esta descompensación desviándose hacia la parte izquierda (personal emocionalmente distantes) o hacia la parte derecha (personas inestables emocionalmente).


¿Qué podemos hacer ante un desbordamiento emocional? Aprovechar la oportunidad para ayudar a que el niño o la niña se desarrolle adecuadamente,

C. Holinguer en su libro Qué dicen los bebés antes de empezar a hablar, propone tres pasos: validad, verbalizar y aliviar la tensión.

  1. Validar: su emoción es válida y no la tiene por qué reprimir. Ejemplo adecuado: "Cariño, entiendo que estés enfadado". Ejemplo inadecuado: "no llores". 
  2. Verbalizar: poniendo palabras a lo que está sintiendo. Ejemplo adecuado: "Entiendo que estés enfadado porque querías coger el cuchillo ¿verdad? Y yo no te lo he dejado, pero es porque puedes cortarte y hacerte mucho daño". 
  3. Aliviar tensión. Distraerlo del foco que ha producido el momento de tensión: " Mira cariño, puedes jugar con la cuchara que no te hará daño" "Mira como se coge: aaaaaaaaammmm". 

En algunas ocasiones, es posible que el niño o la niña no quede conforme, pero poquito a poco y con la práctica lo irá entendiendo. Calma. De esta forma le estaremos facilitando una mejor comunicación y desarrollo de su cerebro. 

Espero que te haya ayudado, 

un gran abrazo.

Patricia 


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